“Seee, ruta cargada, rocanrooooaaal”, pensás, y ponés un grandes éxitos de Creedence en el pasacassette del plato volador y seguís viaje.
Una semana después notás que sólo avanzaste 22 metros y, hastiado de toda actividad humana, apretás un botón que dice Off en la tablero y caés en picada hasta un asteroide cualunque donde le ponés la nave de sombrero a un principito y lo hacés goma. Rápidamente los alcahuetes del noble hecho puré te ultiman a escupitajos y tus cenizas son esnifadas por un tío de Julián Weich.