Adrogué siempre te cayó mal, sobre todo por el hecho de significar “eu gorda” al revés. De modo que pegás la vuelta, comprás tres o cuatro cajones de trotyl en el outlet de Al Qaeda, los metés en el baúl del plato volador y te mandás para la guardería, no sin antes poner un compilado de Manuel Wirtz para amenizar el trayecto.
Todo marcha sobre rieles hasta que aparece Alejandro Lerner out of fucking nowhere y te ves obligado a volantear de golpe, terminando adentro de un kiosco donde conocés al amor de tu vida: una rubia de 145 kilos llamada María Laura, famosa en toda la galaxia por saber atarse los cordones con los dientes. Dos días después se casan, son felices y comen perdices, con tanta mala suerte que las aves se les atoran en el píloro y mueren horriblemente tras una larga y dolorosa agonía.