viernes, 23 de octubre de 2009

3B

“No angelito, si vos lo decís debe ser así, me rescato nomás”, le decís a Labruna. Inmediatamente le vendés el arma al marido de otra mina que también tiene las bolas por el suelo y convierte la escena en un baño de sangre en quince segundos, y te encomendás a Jebús para que salve tu alma y te aleje del pecado, de Manowar y de Notiblog.com. Y ahí nomás, cuando dejás de rezar y abrís los ojos, te das cuenta de que el ángel era el mismísimo Arjona con una sábana y alitas, que te dice “gil, ¿vos me vas a venir a escupir el asado a mí? Comela”. Las fans que no se murieron se mofan de vos y alguien le cuenta todo a los pibes del barrio, que se ríen durante sesenta días y sesenta noches consecutivas. Abrumado, te alejás de todo y pasás el resto de tu vida encerrado en una cabaña en Villa La Anchura (que es como la otra pero todo mal) sólo y abandonado por el mundo, tirándole cascotes a una foto del guatemalteco y haciendo un curso de Maestro Mayor de Obras por correspondencia. Y después te morís porque sos un gil.

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