“¿Vacioqué?”, pensás. Abandonás el sambuche, Juan Cruz Bordeu lo abaraja antes de que toque el plato, le unta un poco de salsa de cabra montesa del Kilimanjaro y se lo manda ante la mirada atónica de Rafa Di Zeo, que justo estaba por la zona haciendo un trámite y paró a picar algo.
La colorada se aleja y vos la seguís, la seguís y la seguís, hasta que te das cuenta de que caminaste 237 kilómetros y estás en la puerta de una parrilla en Dolores. Ahí, Lindsay se da vuelta, se ríe, se saca una máscara y resulta ser Ricardo Iorio, que tras reírse de vos un rato largo se sube a un unicornio alado y marcha hacia el infinito cantando “Love Me Tender”, una oda de amor al artefacto donde cuelga la ropa para que se seque. Obviamente no entendés una goma, y un pensamiento te invade el cerebelo: “¿Y si largo todo y pongo un Telecentro?”
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