“Estimo que ir a tocar con esa gente redundará
en sendos accesos carnales involuntarios hacia mi persona”, pensás, y te pedís
una pizza a Banchero y te quedás piola mirando el programa de Fort. Con tanta
mala suerte que justo vivís al lado de una obra en construcción cuyos planos
fueron firmados por el Arquitecto Troll Trollovich, quien propuso hacer los
cimientos de plastilina, a ver qué pasaba. Conclusión: se viene abajo el
edificio y un montón de skaters de 35 años se ponen a andar por encima de tus
restos sanguinolientos hasta que sale el sol y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires
emite un comunicado que dice “¿qué derrumbe?” y tu cadáver es encontrado
culpable de simular su propia muerte y sancionado con tarjeta amarilla.