Así como los musulmanes tienen su peregrinación
a La Meca , el
metalero argento tiene su viaje a romperle los quimbos al Richard en el medio
de la nada. Así que agarrás tu bicicleta y salís para sus pagos. Te lleva
veinte días y veinte noches, pero al final llegás.
Alguien te pasa la dirección y vos, con mucho
recelo, le tocás timbre. Tenés pánico de que Iorio esté revirado y te meta un
cuetazo en la rótula a modo de saludo, pero para tu sorpresa el líder de
Almafuerte es cordial: “entre amigo, lo estaba esperando”, te dice.
Una vez adentro procedés a contarle que querés
hacer un disco conceptual pero no se te ocurre nada. Él te mira, se pone serio,
se rasca la pera, va hacia la biblioteca, trae un libro de Bioy Casares, lo
abre en la página ocho y sentencia: “tómatelas, guacho forro”.
Si sos un guacho forro y te las tomás, hacéclic acá.
Si le decís “eh Ricardo, rescatate”, hacé clic acá.