La colorada estará fuerte, pero uno no puede traicionar sus principios de vida. Una vez tuviste una epifanía al abrir una galleta de la suerte en Facebook donde decía “nunca mandés la comida de vuelta en un restaurant porque te la devuelven escupida”. Eso, sumado a esa frase llena de sabiduría que tanto te inculcó tu padre desde niño (“comé y no rompas las pelotas”), terminó por inclinar la balanza para el lado de ese jugoso, crocante y delicioso cacho de carne entre dos panes. Le hacés “chau” con la mano a la Lohan (que termina yéndose con un Cabo Primero de la Federal, el centrehalf suplente de la tercera de Racing y un Gran Danés) y te engullís el vaciopan. Lo que vos no sabías es que todo era una trampa: por comprar Olé los lunes, un agente del Buró de Investigaciones Parakirchneristas (BIP) te puso unas gotas de un coso que es como un ácido lisérgico que te hace flashear que ves Tom & Jerry todo el día, hasta que te quebrás emocionalmente y perdés la voluntad para convertirte en un zombie que obedece a todo lo que le dicen sin chistar.
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